Las pintoras del siglo 16 aparecen en el Prado

Para este bicentenario, el Museo del prado nos sorprende una vez más con una nueva propuesta que ha dado mucho de qué hablar tanto en los medios de comunicación diarios como en las redes sociales, ya que no es muy común presentar en las salas una proyección casi individual donde el trabajo de dos grandes pintoras son protagonistas.

Estas mismas pintoras renacentistas fueron olvidadas tras el paso del tiempo y la hegemonía masculina. Sin embargo, gracias a esta muestra, el Museo del Prado se escapa de toda corriente vetusta y desiquilibrada.

Ahora, las retratistas del renacimiento; Sofonisba y Laviana vuelven del almacén en el que fueron recluidas tras el silencio marcado por los siglos con la exposición retrospectiva: “Historia de dos pintoras”.

Sofonisba y Laviana juntas en el museo

Sofonisba y Lavinia nacieron en Cremona y Bolonia, más adelante se formaron en dos distintas escuelas de arte cercanas en Italia, sin embargo estos lugares estaban condicionados por sus propias tradiciones pictóricas, sociales y culturales.

A pesar de ser de familias diferentes, para ambas artistas el papel paterno fue primordial en condicionar sus respectivas carreras. Las dos supieron romper con los estereotipos que la sociedad asignaba a las mujeres.

Sofonisba Anguissola, correspondiente a una familia de la burguesía de Cremona, estaba formada por seis de sus hermanas, descubrió en la pintura un método para lograr una posición popular que podría favorecer a la familia Anguissola-Ponzoni.

Su talento y personalidad, fue propicio gracias al empeño de su padre, la convirtió en una dama valorada y respetable que posibilitó la oportunidad artística para las mujeres de su época y forjó un referente femenino que a día de hoy es permanente. Desarrolló más que nada la técnica del retrato y fue contratada como dama en la cotre de Isabel de Valois, cargo que ayudó a enmascarar su papel como pintora.

En el caso de Lavinia Fontana, hija de un pintor con notable prestigio, la pintura fue para ella el tema principal, un desarrollo natural que acabó por transformar.

Fue la primera en ser conocida como la pintora que traspasó los límites y parámetros establecidos en el género femenino. Su obra artistica fue extensa y diferente, con varios retratos y pinturas religiosas para iglesias y oratorios privados, sin embargo, se ocupó también de conceptos mitológicos, donde el desnudo poseía una relevante estimación.

Las pintoras renacentistas

Sofonisba Anguissola (Cremona, h. 1535-Palermo, 1625) y Lavinia Fontana (Bolonia, 1552-Roma, 1614) fueron dos grandes pintoras renacentistas que alcanzaron reconocimiento y notoriedad entre sus contemporáneos. Las dos consiguieron destruir los patrones asignados a las mujeres en relación con la costumbre pictórica, donde gobernaba una arraigada incredulidad sobre sus habilidades.

Sofonisba perteneció a una familia noble y numerosa, cuyo padre, Amilcare Anguissola (h. 1494-1573), alentó y apoyó la formación artística de todas sus hijas para recibir una educación correcta y adecuada. Sofonisba evolucionó en su totalidad la práctica del retrato, y llegó a una popularidad que, por medio de sus orígenes aristocráticos, favoreció su llegada a la corte de España, donde fue dama de la reina Isabel de Valois.

La biografía inicial de Lavinia Fontana se asocia con un perfil ejercido por la mayoría de las mujeres artistas. Era hija de Prospero Fontana (1512-1579), pintor de prestigio y de gran relevancia en Bolonia. Las favorables condiciones económicas y sociales de la región comentan el papel relevante de las mujeres en su historia tanto cultural como religiosa y popular.

Lavinia fue la primera mujer en abrir su propio estudio y desarrolló una destacable proactividad que se puede llegar a extender desde Florencia hasta Roma, en donde se movió en la última etapa de su historia.

Sofonisba Anguissola, más que una pintora

A la edad temprana de los once años, Sofonisba Anguissola inició su formación pictórica persiguiendo las propias sugerencias establecidas por las clases nobles del renacimiento.

Además de su formación cromática, Sofonisba tomó otras enseñanzas de música, danza y literatura. Pero sobre todo, resaltó como retratista, llevando a la práctica dicha rama con los miembros de su familia.

Por aquel contexto ninguna mujer habia producido tanta obra pictórica como ella, en sus retratos proyectó los elementos fundamentales propios de la concesión femenina de su época: sensatez, decoro, honestidad y tacto. Llevó a cabo proyectos en pequeño formato que la ayudaron a darse a conocer en la alta sociedad.

Debido a la muestra ladina de su propio padre, sus autorretratos se transformaron en piezas únicas para exhibición y coleccionismo.

Aparece de esta forma una leyenda femenina que otras pintoras a través de la competición deseaban alcanzar; una de ellas fué Lavinia Fontana, cuyo autorretrato datado en 1577 pudo recuperar el modelo de Sofonisba para recalcar a la mujer culta y creativa.

Anteriormente de llegar a España, Sofonisba Anguissola llevó a cabo diversos retratos para ciertos individuos consagrados de su contexto histórico.

Durante el periodo que vivió en España, Sofonisba desempeñó una función de tal relevancia como la de ser maestra de dibujo y pintura para la reina Isabel de Valois, además de retratar a todos los integrantes de la familia real. Ninguno de los retratos completados y realizados por esta gran artista en España están firmados, dado que su posición oficial en la corte no era la de pintora.

La producción religiosa de Sofonisba Anguissola es muy escasa.

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Cuadro pintado por la artista SOFONISBA ANGUISSOLA

Lavinia Fontana, artista célebre en Bolonia

Los retratos eran la primordial ocupación de Lavinia Fontana tanto en Bolonia como después en su estancia en Roma. En dicho género fué en donde resaltó debido por la diversidad en sus tipologías usadas.

Sin lugar a dudas, fue la pintora preferida de las damas, cuyo lujo exclusivo han quedado bien retratados en sus cuadros. Lavinia extendió todo su talento y capacidades para poder ver y reflejar en sus obras la opulencia y elegancia de las prendas, las diversas indumentarias, la variación de sus joyas o la fina preparación de los encajes. Además que pudo proyectar en sus pinturas a los jovenes más visibles y conocidos de la región para creaciones religiosas destinadas a capillas privadas, e incluso, retratos familiares.

El Retrato de familia de la Pinacoteca de Brera es un increíble ejemplo del proceso evolutivo en Lavinia que desarrolló a finales de siglo, ya que forma un «retrato relato» de un grupo familiar, en sí esta captado con cierto aire de cotidianidad. Un concepto que se prolonga en la dama acompañada por 4 adolescentes, aquí es donde la pintora exhibe una momentánea única, cuya escena doméstica capta al casamiento del personaje principal.

Lavinia Fontana creó un porflio y estudio religioso que la llevo ha abarcar diversos proyectos devocionales en pequeñas dimensiones y en soportes diversos (cobres, tablas y telas), también elaboró enormes lienzos para las zonas del altar.

Estos proyectos están marcados por la espiritualidad de la Contrarreforma, donde se aprecian influencias de diversos artistas de su tiempo tales como Correggio, Denys Calvaert, Niccolò dell’Abate o los Carracci.

Lavinia Fontana fue la primera creadora que llevó a cabo obras mitológicas, donde además de desarrollar su aptitud y genuinidad de invención, tuvo que adentrarse en la representación del desnudo, un lote vetado para las mujeres de la época.

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Lavinia-Fontana. Retrato familiar.

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